NOVENA EN HONOR A LA INMACULADA CONCEPCIÓN

NOVENA EN HONOR A
LA INMACULADA CONCEPCIÓN
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Del 29 al 8 de Diciembre a las 19'00 h.
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Este año las novenas serán preparadas de una manera especial
por distintos barrios de Herencia,
y serán predicadas por sacerdotes y frailes hijos del pueblo.
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Ya el día 8 la Función Principal será presidida
por D. Miguel Esparza Fernández,
Vicario General de la Diócesis.
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Finalizará con la procesión de la venerada imágen
de la Inmaculada Concepción,
que, si el tiempo lo permite, hará por primera vez
el "Recorrido Mercedario por Excelencia",
siguiendo así los pasos de la Hermosona.
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Oración a la Inmaculada Virgen María

Santísima Virgen, yo creo y confieso vuestra Santa e
Inmaculada Concepción pura y sin mancha.
¡Oh Purísima Virgen!,
por vuestra pureza virginal,
vuestra Inmaculada Concepción y
vuestra gloriosa cualidad de Madre de Dios,
alcanzadme de vuestro amado Hijo la humildad,
la caridad, una gran pureza de corazón,
de cuerpo y de espíritu,
una santa perseverancia en el bien,
el don de oración,
una buena vida y una santa muerte.
Amén"
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COMIDA DE CONFATERNIZACIÓN
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- En los Salones San Roque -
Parte del precio del cubierto será destinada a una campaña de solidaridad de la ONG mercedaria "ACCIÓN LIBERADORA".
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Después de la comida habrá una serie de actuaciones...
¡ No os lo perdáis !
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Puedes recoger tu entrada en la Sacristía
del Convento de la Merced
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¡¡¡ C O L A B O R A !!!
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SAN SERPAPIO


El próximo sábado celebraremos la fiesta de San Serapio.


San Serapio, mártir nace en Londres en 1168 (otra versiòn señala que fue en el año 1175). Desde pequeño mostró gran piedad y una decidida inclinación religiosa. En su edad juvenil manifestó fervientes deseos de contribuir a la liberación de Tierra Santa, entonces en manos de los infieles. Su padre, que era general del ejército inglés y estaba emparentado con la familia real, prometió llevarlo consigo, y en el año 1190 marchó con el rey Ricardo Corazón de León a Palestina. Allí dio Serapio singulares muestras de valor y de intensa piedad, actuando decididamente en las batallas y socorriendo a los cristianos que sufrían en la esclavitud.

Años después, ya muertos sus padres, se dirigió a España para servir al rey don Alfonso VIII de Castilla en la guerra contra los sarracenos. Tan relevantes fueron sus virtudes y méritos, que el monarca lo nombró su consejero, prosiguiéndose la guerra hasta el triunfo final.

Después de otra incursión a Palestina, donde luchó contra las huestes de Conradino, hijo del gran soldán de Egipto, volvió nuevamente a España para combatir contra los moros al lado de los reyes Fernando de Castilla y Jaime I de Aragón.

Resolvió más tarde retirarse a la soledad y, habiendo conocido en Barcelona a san Pedro Nolasco, el glorioso fundador, ingresó en la orden de los mercedarios, fundada para la redención de cautivos, profesando los tres votos de castidad, obediencia y pobreza, y el cuarto, de quedarse en rehenes si fuese necesario para liberar a aquéllos. En el ejercicio de este nuevo ministerio desempeñó con eficacia numerosas misiones.

En aquel tiempo la isla de Mallorca estaba ocupada por los moros y desde allí partían navíos que asolaban las costas de Cataluña y apresaban las embarcaciones cristianas en el mar. Cuando el rey don Jaime partió con una armada contra aquella isla, Serapio se unió a la expedición y cooperó brillantemente a su conquista. Después partió hacia el archipiélago británico, con el objeto de propagar la fe en Inglaterra, Escocia e Irlanda, pero el barco en que viajaba fue apresado por los piratas sarracenos. Conocida su condición de sacerdote cristiano, fue atado a un poste y bárbaramente azotado, hasta que, considerándolo muerto, lo arrojaron desnudo a un arenal de las costas de Inglaterra.

Al tener noticia de su llegada, Alejandro, rey de Escocia, lo llamó a su lado, encargándole diversas misiones, que Serapio cumplió satisfactoriamente, hasta que recibió una carta de san Pedro Nolasco, quien le pedía que se restituyera a España.

Vuelto a la Península, realizó Serapio algunas redenciones, una de ellas en Murcia, donde libertó a noventa cautivos. Más tarde, en Argel, no pudiendo redimir a todos por falta de dinero, determinó quedarse él como rehén, con lo que dio comienzo su martirio; predicando públicamente la doctrina de Cristo y oponiéndose a la religión de Mahoma, fue apaleado y torturado, hasta que entregó la vida, el 14 de noviembre de 1240.

En 1743 fue inscripto como santo.

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